martes, 9 de junio de 2026

Sin techo propio

¿Os acordáis de aquella frase que tanto escuchábamos de adolescentes? Estudia para poder tener un buen futuro. Ahora mismo hay millones de personas con estudios superiores que no pueden acceder a una vivienda. Con trabajos en los que tener títulos e idiomas ya no es un plus; es lo mínimo para cobrar el mínimo.

El esfuerzo no se valora, es más, si haces bien tu trabajo la recompensa será más carga de trabajo, pero bajo las mismas condiciones. El único incentivo que recibes es el de no ser despedido (faltaría más) y todo ello para llegar a tu piso compartido con otras tres personas a reflexionar por qué el coste de la vida sube tres veces más rápido que tu salario.

El precio de la vivienda lleva 12 años aumentando de forma ininterrumpida. Para poneros en contexto, comparando los datos del 2014 con los del 2026, el precio medio del alquiler en España ha aumentado más de un 100% (en lugares como Barcelona, Madrid o Baleares incluso 150%), y el precio de compraventa alrededor de un 90%.

En cuanto a los salarios, podéis haceros una idea. El salario medio ha incrementado poco más del 30% estos últimos años, tres veces menos que el precio de la vivienda. Pero no os preocupéis que siempre habrá alguien diciendo que si no podéis independizaros es porque pagáis una suscripción mensual a plataformas de streaming, y no porque la especulación inmobiliaria esté echando a las vecinas de sus barrios.

Si eres joven no solo tienes que enfrentarte a este problema (que por desgracia afecta a gente de todas las edades), sino que además parece que no tienes derecho a manifestar tu enfado por ello. Cada vez que alguien de mi generación se queja de las condiciones laborales o de vida aparece alguien a recriminar que los jóvenes de ahora no aguantan nada y que antes se trabajaba a los 14 años. Bueno, quizá es que pedimos demasiado queriendo que cada vez la gente pueda vivir mejor y tener derecho a una salud y un techo bajo el que dormir, no creo que romantizar el trabajo infantil sea lo más coherente.

Pero no todo está perdido, en los últimos años, y probablemente condicionado tras la pandemia, ha crecido una oleada de preocupación en el sector de la hostelería, que cada vez tiene más dificultades para encontrar trabajadores en época estival. Aunque yo no conozco ningún bar o restaurante que cumpla el convenio, tenga buen trato y se queje de falta de personal, todo lo contrario.

Nuestra generación ha dicho basta en uno de los sectores más precarizados y que más se ha aprovechado habitualmente de la necesidad de los jóvenes. Cada vez más explotadores tienen dificultades para encontrar a alguien que trabaje sesenta horas semanales con un contrato de ayudante. Porque esa es otra: si estás en barra eres ayudante de camarero, si estás en cocina ayudante de cocina. ¿A quién se supone que ayudas si nadie tiene contrato de camarero ni cocinero? Ya está bien de haceros de oro a costa de la precariedad.

Ninguna generación lo ha tenido fácil, y lo verdaderamente triste es eso, que cada vez hay más herramientas que nos pueden facilitar la vida y nunca se utilizan para ello. Con la vivienda pasa lo mismo, grandes fondos buitre y especuladores que utilizan un bien básico para especular, que compran para invertir, mientras miles de familias llegan ahogadas a fin de mes sin tener un techo garantizado. 

Las empresas se aprovechan de la situación, las instituciones públicas se encogen de hombros, y nosotros utilizamos la poca energía que nos queda en debatir sobre a qué generación le cuestan más las cosas. La situación actual es insostenible, y por eso más que nunca debemos organizarnos, porque parece que una vez más las instituciones nos han abandonado a nuestra suerte. Ya no basta con salir a la calle un par de veces, hay que paralizar todo el país si es necesario, demostrar que sin nuestra fuerza de trabajo las organizaciones y los oligarcas no son nada.

Ninguno de los derechos que tenemos a día de hoy se consiguió pidiendo las cosas por favor. Y hasta que no entendamos que este problema es colectivo no conseguiremos ningún avance. 
Imagen: Manel Fontdevila


martes, 26 de mayo de 2026

Está bien estar mal

Después de mes y medio sin publicar por estos lares creo que tocaba al menos aparecer para saludar. Sé de sobra que esto no es un trabajo, que sois pocas (pero muy valiosas) las personas que leéis este blog personal, pero siento que estoy dejando de lado este pequeño proyecto que tanto me costó retomar, y no puedo permitir que eso suceda.

Aún recuerdo al loco adolescente que un día de marzo del 2014 decidió crear un blog, y plasmar en él todo lo que su atormentada cabeza creía que debía expresar con palabras. Daba igual que lo hiciese bien o mal, al fin y al cabo no era más que un adolescente. Un blog que estuvo vivo durante 8 años, mezclando crítica social, ficción, y pedacitos de mi alma que decidí compartir para llamar por su nombre a un dolor que me cortaba la respiración. Aquel blog fue una especie de terapia, un aprendizaje del que sus lectoras y lectores eran testigo, un lienzo en blanco con el que practicaba como si fuese un aprendiz que soñaba con convertirse en artista. En aquel lugar (me gusta pensar en ello como un sitio al que acudía para evadirme) tampoco era constante, lo mismo publicaba cada dos semanas que cada 6 meses. Y es que por muy cuadriculado que uno intente ser, a veces determinadas situaciones de la vida se sobreponen sobre tus planes idealizados, incluso llegando a tirar la toalla por momentos.

Aquel blog fue clausurado en 2022 cerrando una etapa que merecía tener un final. Dos años y medio después, y tras muchos quebraderos de cabeza, decidí retomar la idea del blog, y así fue como nació este. "Esta vez será diferente", pensé, "seré más constante, me lo tomaré más en serio". Y más o menos estoy cumpliendo, aunque con ciertos vaivenes. No voy a engañaros, no estoy del todo bien. Hace tiempo que dejé de leer, de escuchar música, de escribir con ilusión porque realmente me apetecía. Sinceramente creo que no me encuentro porque hace un tiempo que dejé de buscarme, y eso no está bien.

No quiero preocupar a nadie, he tenido muchos momentos peores, y afortunadamente estoy lejos de acercarme al abismo del que tantos años me costó salir. Pero si la vida son rachas esta no es de las mejores, y me gustaría reivindicar un poco, con tacto, el derecho a no estar bien. No me refiero a regodearse en el dolor y la autodestrucción, sino a afrontar que es imposible estar bien todo el rato, y también intentar estarlo. Uno no siempre tiene fuerzas para remar, a veces es mejor descansar y ver dónde te lleva la corriente, o acabarás explotando. Sé que puede parecer un mensaje contradictorio, y que cualquier iluminado lo malinterpretará fácilmente, pero no puedes tapar las heridas sin antes haberlas curado, y ese proceso siempre escuece. Quizá me excedo con las metáforas, seré más claro. Nadie está siempre bien, y eso no es malo siempre y cuando sea simplemente una racha para coger aire y poder sentirse mejor con el tiempo.

En definitiva, tengo tantas cosas en mente ahora mismo que añadir más haría explosionar mi cabeza, así que para seguir adelante con todo lo que quiero, primero he de ordenar un poco esos pensamientos. Y el primer paso era escribir esta tediosa (lo siento) publicación, no porque crea que deba dar explicaciones, más bien para reafirmarme en mi empeño de seguir con este pequeño proyecto y muchos otros que irán viniendo poco a poco. Recordad que es importante saber en qué punto estamos para poder elegir a qué punto queremos ir. Y que si las malas rachas son prolongadas siempre será mejor pedir ayuda, siempre.



martes, 31 de marzo de 2026

¿Separar a la autora de la obra?

Una de las peores sensaciones que un adulto puede experimentar es la de la pérdida total y absoluta de la inocencia y la ilusión, en especial de aquellas cosas que un día nos hicieron felices en nuestra infancia. El problema es que esta sensación no tiene nada que ver con la edad o el paso del tiempo, más bien con la mirada crítica que como espectadores y consumidores hacemos de actos deleznables que llevan a cabo quienes durante tanto tiempo crearon esa ilusión que hoy hemos perdido.

Por la importancia del día de hoy (día de la visibilidad trans) quiero poner un ejemplo sobre la mesa que ha conseguido que el niño que aún llevo dentro pierda la ilusión por algo que le ha acompañado toda la vida. Desde que era pequeño mi fascinación por el mundo de Harry Potter ha sido inmensa. Fue la primera saga de libros que leí del tirón, tengo un montón de cosas de esta temática, y hasta estuve en algún club de fans. Esta saga ha significado mucho para mi durante mi infancia y adolescencia, pero ahora me siento incapaz de disfrutar de cualquier cosa relacionada con ella. Y no, no es por la edad, es que la persona que creó este mundo mágico se ha convertido en alguien completamente despreciable durante los últimos años.

J.K. Rowling está utilizando la fortuna que gana con el mundo de Harry Potter para financiar organizaciones destinadas a expulsar a las personas trans de espacios públicos, ayudando a incrementar el odio y la discriminación que ya sufren estas personas. Alega que lo hace en defensa de las mujeres, que ven coartada su libertad por culpa de las personas trans, y celebra que algunos países no reconozcan los derechos de este colectivo. También ha criticado públicamente a numerosos actores y actrices de las películas de su franquicia que se han posicionado a favor de los derechos de las personas trans. Entre ellas Emma Watson, embajadora de la ONU, quien proclama que defender los derechos de las personas trans es defender los derechos humanos, y que el odio y la discriminación no tienen cabida.

Rowling acusa a las personas trans, en especial a mujeres trans, de hacerse con el control de espacios destinados a mujeres, o al menos a mujeres que ella considera biológicamente reales. Este discurso de odio se extiende de tal manera que incluso se ha llegado a rechazar la presencia de mujeres cisgénero de algunos lugares porque su aspecto era "confuso" y las han confundido con personas trans. Algo que, lejos de luchar contra los roles de género impuestos que oprimen a las mujeres, parece que incluso lo refuerza, porque no basta con ser una mujer, tienes que parecerlo. Un claro ejemplo lo vemos en la boxeadora argelina Imane Khelif, a quien durante los JJ.OO de 2024 acusaron de ser un hombre al confundirla con una persona trans por su aspecto. La realidad es que Imane es una mujer cis, y además su país prohíbe el cambio de sexo, pero eso no fue suficiente para parar las campañas de odio que se crearon contra ella. Tal es así que hace un par de días el COI anunciaba hace unos días que las mujeres trans no podrán competir en categorías femeninas en los JJ.OO. Un problema que nunca ha existido, ya que en la historia de los Juegos Olímpicos solo ha participado una mujer trans, Laurel Hubbard, quien además no consiguió levantar el peso mínimo en halterofilia, quedando desclasificada.

Además hay que tener en cuenta que este año HBO estrenará la superproducción de Harry Potter, una serie basada en los libros de Rowling que contará con una temporada por libro, y con la que la autora seguirá ganando una fortuna que invertirá en seguir esparciendo odio hacia un colectivo vulnerable. Por este motivo muchos fans (o ex fans a estas alturas) de la saga nos vemos en la obligación y el compromiso de pedir el boicot a esta producción, y hacer todo lo posible para que esta millonaria deje de seguir amasando fortunas que utiliza casi en exclusiva para hacer daño a los demás en base a un odio desmedido que es imposible justificar.

Se ha hablado muchas veces de si es posible separar al autor de la obra, y mi respuesta ha sido siempre la misma: solo soy capaz de hacerlo, y desde una mirada crítica, siempre que el autor ya no está entre nosotros. Puedo observar un cuadro de Dalí, recordando lo misógino que era, con la tranquilidad de que ya no podrá lucrarse con ello. O leer a Bukowski, que como escritor era fantástico pero no tanto como persona, sabiendo que no volverá a publicar nada. ¿Volveré a disfrutar de Harry Potter como lo hacía de niño? Es posible, pero quizá dentro de un tiempo indeterminado. Es imposible separar a la autora de la obra, así que tampoco voy a contribuir a que se siga lucrando de ella para hacer daño a los demás.


Imagen: Chipflake.com