Como habréis podido comprobar, mis escasas lectoras habituales, el martes pasado no hubo publicación, a pesar de que me había propuesto publicar exactamente cada 14 días, como si la vida pudiese programarse como un reloj suizo. Una vez más, el tiempo se apoderó de mí y no me dio mucha tregua para poder escribir, al menos aquí. A decir verdad, el pasado martes sí que publiqué un artículo, pero en otro medio diferente. Pero empecemos por el principio, ¿qué pasa con enero?
En agosto de 2023, fecha que en mi mente es más cercana de lo que dice el calendario, compré una entrada para asistir a un concierto de Simple Plan en Barcelona en enero de 2024. En ese momento solo pensaba en la ilusión que me haría ver a uno de mis grupos favoritos en directo, y no era consciente de todo lo que vendría después. Acudí a ese concierto con un chico que, casualidades de la vida, con el paso de los meses acabó convirtiéndose en mi pareja. Podría decir que fue uno de los mejores conciertos de mi vida por muchas razones.
Llegó el 2025, y con él arrastraba muchas inseguridades y una precariedad que ya me empezaba a pesar demasiado. Después de unos meses acumulando silencios y rechazos en un proceso de búsqueda de empleo que parecía no tener fin, se me presentó una oportunidad laboral que acepté sin pestañear. Así que hice las maletas y me fui a Barcelona, un cambio radical que trajo consigo una marabunta de sentimientos encontrados, pero que ha supuesto un aprendizaje enorme para mí tanto en el ámbito personal como el profesional.
Y aquí estamos, en pleno enero del año 2026 (y decían que el mundo se acabaría en el 2012) y con muchas cosas que seguir celebrando. Voy a cumplir un año en esta ciudad, con un trabajo estable que hace unos meses veía impensable. Después de años escribiendo por mi cuenta, y a mi manera, me han ofrecido poder publicar artículos de opinión, como este de la semana pasada, en el Heraldo de León, algo que agradezco enormemente y que seguro también será de gran ayuda para seguir aprendiendo haciendo algo que me gusta más que el comer. Y por si fuera poco, al compromiso habitual que tengo con la política, le he añadido algo más de empeño y responsabilidad de cara a las próximas elecciones autonómicas de Castilla y León. Quizá esté loco y me haya precipitado, pero tal vez mi juventud me haya ayudado en cierta medida a dar pasos acorde a mi sentido crítico y mis ideales.
De modo que, por diversas razones y casualidades de la vida, en los último años el mes de enero me ha traído muchos cambios que me han cambiado la vida a mejor. Así la famosa cuesta se sube algo ligero y con más energía. Espero estar a la altura de las circunstancias en todos los sentidos, y si no es el caso al menos siempre defenderé mi derecho a poder equivocarme aprendiendo de mis actos.


