martes, 31 de marzo de 2026

¿Separar a la autora de la obra?

Una de las peores sensaciones que un adulto puede experimentar es la de la pérdida total y absoluta de la inocencia y la ilusión, en especial de aquellas cosas que un día nos hicieron felices en nuestra infancia. El problema es que esta sensación no tiene nada que ver con la edad o el paso del tiempo, más bien con la mirada crítica que como espectadores y consumidores hacemos de actos deleznables que llevan a cabo quienes durante tanto tiempo crearon esa ilusión que hoy hemos perdido.

Por la importancia del día de hoy (día de la visibilidad trans) quiero poner un ejemplo sobre la mesa que ha conseguido que el niño que aún llevo dentro pierda la ilusión por algo que le ha acompañado toda la vida. Desde que era pequeño mi fascinación por el mundo de Harry Potter ha sido inmensa. Fue la primera saga de libros que leí del tirón, tengo un montón de cosas de esta temática, y hasta estuve en algún club de fans. Esta saga ha significado mucho para mi durante mi infancia y adolescencia, pero ahora me siento incapaz de disfrutar de cualquier cosa relacionada con ella. Y no, no es por la edad, es que la persona que creó este mundo mágico se ha convertido en alguien completamente despreciable durante los últimos años.

J.K. Rowling está utilizando la fortuna que gana con el mundo de Harry Potter para financiar organizaciones destinadas a expulsar a las personas trans de espacios públicos, ayudando a incrementar el odio y la discriminación que ya sufren estas personas. Alega que lo hace en defensa de las mujeres, que ven coartada su libertad por culpa de las personas trans, y celebra que algunos países no reconozcan los derechos de este colectivo. También ha criticado públicamente a numerosos actores y actrices de las películas de su franquicia que se han posicionado a favor de los derechos de las personas trans. Entre ellas Emma Watson, embajadora de la ONU, quien proclama que defender los derechos de las personas trans es defender los derechos humanos, y que el odio y la discriminación no tienen cabida.

Rowling acusa a las personas trans, en especial a mujeres trans, de hacerse con el control de espacios destinados a mujeres, o al menos a mujeres que ella considera biológicamente reales. Este discurso de odio se extiende de tal manera que incluso se ha llegado a rechazar la presencia de mujeres cisgénero de algunos lugares porque su aspecto era "confuso" y las han confundido con personas trans. Algo que, lejos de luchar contra los roles de género impuestos que oprimen a las mujeres, parece que incluso lo refuerza, porque no basta con ser una mujer, tienes que parecerlo. Un claro ejemplo lo vemos en la boxeadora argelina Imane Khelif, a quien durante los JJ.OO de 2024 acusaron de ser un hombre al confundirla con una persona trans por su aspecto. La realidad es que Imane es una mujer cis, y además su país prohíbe el cambio de sexo, pero eso no fue suficiente para parar las campañas de odio que se crearon contra ella. Tal es así que hace un par de días el COI anunciaba hace unos días que las mujeres trans no podrán competir en categorías femeninas en los JJ.OO. Un problema que nunca ha existido, ya que en la historia de los Juegos Olímpicos solo ha participado una mujer trans, Laurel Hubbard, quien además no consiguió levantar el peso mínimo en halterofilia, quedando desclasificada.

Además hay que tener en cuenta que este año HBO estrenará la superproducción de Harry Potter, una serie basada en los libros de Rowling que contará con una temporada por libro, y con la que la autora seguirá ganando una fortuna que invertirá en seguir esparciendo odio hacia un colectivo vulnerable. Por este motivo muchos fans (o ex fans a estas alturas) de la saga nos vemos en la obligación y el compromiso de pedir el boicot a esta producción, y hacer todo lo posible para que esta millonaria deje de seguir amasando fortunas que utiliza casi en exclusiva para hacer daño a los demás en base a un odio desmedido que es imposible justificar.

Se ha hablado muchas veces de si es posible separar al autor de la obra, y mi respuesta ha sido siempre la misma: solo soy capaz de hacerlo, y desde una mirada crítica, siempre que el autor ya no está entre nosotros. Puedo observar un cuadro de Dalí, recordando lo misógino que era, con la tranquilidad de que ya no podrá lucrarse con ello. O leer a Bukowski, que como escritor era fantástico pero no tanto como persona, sabiendo que no volverá a publicar nada. ¿Volveré a disfrutar de Harry Potter como lo hacía de niño? Es posible, pero quizá dentro de un tiempo indeterminado. Es imposible separar a la autora de la obra, así que tampoco voy a contribuir a que se siga lucrando de ella para hacer daño a los demás.


Imagen: Chipflake.com

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